En Guatemala, la violencia es contagiosa. Los vecinos de Villas de La Esperanza, ante el temor de una eventual invasión de los infectados por la violencia, se arman y patrullan noches, arriesgando sus vidas por la seguridad de sus familias. Pero luchar contra la violencia con violencia solo propaga el contagio, y los vecinos pronto se darán cuenta de que el mayor peligro no es lo que acecha fuera de su comunidad cerrada segura. El verdadero peligro está en su interior. En Guatemala, la violencia es contagiosa, y todos estamos infectados.

Vistas